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UNA CAJA CON COSAS DENTRO

El viaje vertical

"Este espectáculo de la naturaleza, considerado como una de las maravillas del mundo, se originó hace unos docientos mil años en el sitio que hoy conocemos como Hito de las Tres Fronteras, donde confluyen el río Iguazú y el Paraná. Una falla geológica producida en el cauce el río Paraná hizo que la desembocadura del río Iguazú quedara convertida en una abrupta cascada de 80 metros de altura".
Para mí, las cataratas de Iguazú siempre serán parte del final de esa película de amor triste llamada Happy Together, dirigida en 1997 por Wong Kar-wai. Mañana viernes salgo de Montevideo con destino a Iguazú. Estaré tres días fuera.

Tiempos

Tiempos

Aún no he tenido ocasión de ver ¿Y qué hora es ahí? (2001), la película de Tsai Ming-liang que me compré en Buenos Aires. Pero ahora sé que cuando la vea voy a recordar inmediatamente la recepción del hotel Rafael de Foz de Iguazú.
La fotografía tiene también algo de Night on earth (1991) de Jim Jarmusch.
Y lo que yo me pregunto cuando miro la imagen es si existe alguna relación secreta entre los relojes y el teléfono.
Como la imagen es pequeña, paso a redactar una lista de horas internacionales del momento en el que saqué la foto:

Beirut: seis y 34 minutos.
N. York: doce y 51 minutos.
Brasilia: una y 51 minutos.
London: seis y 51 minutos.
Buenos Aires: una y 51 minutos.
Tokyo: una y 51 minutos.
Sidney: dos y 51 minutos.

Agua grande

Iguazú en guaraní quiere decir “Agua Grande”. Es lo primero que me dijo el guía del parque nacional que vino a recogerme al aeropuerto. Después me explicó que en 1860 hubo una guerra entre Paraguay y una alianza formada por Brasil, Argentina y Uruguay en la que murieron casi todos los hombres de Paraguay. “Murieron casi todos los hombres. Casi todos los hombres”. Cuando dijo esto, el guía se quedó como en trance y mirando fijamente hacia ningún lugar. Yo me acordé de aquel personaje de Adaptation (Spike Jonze, 2002) que explicaba con una mezcla de descripción casi mística y silencios rarísimos el misterioso mundo de las orquídeas.
El guía no volvió a decir nada en todo el trayecto hasta el hotel Rafael, situado a las afueras de una ciudad brasileña llamada Foz do Iguaçu.
Se despidió haciendo un gesto de adiós con la mano. Y cuando yo le respondí con un adiós similar, el guía volvió a repetir de manera lenta y a través del cristal de la furgoneta aquella frase hipnótica: “Murieron casi todos los hombres”. Después puso en marcha el motor y se alejó por las calles de color rojo de aquella ciudad fronteriza.

Distancias (2)

Sobre ese festival de cine asiático que está sucediendo durante estos días en un lugar que está a la vez muy cerca y muy lejos. Creo que una vez hablamos de la posibilidad de estar en dos lugares al mismo tiempo. Hablamos incluso de la posibilidad de estar en muchos lugares al mismo tiempo. Solo hay que tomar la línea subterránea que une todas las noches Tokio-Taipei-Saigón-Barcelona y Montevideo.

Conte de Printemps

Conte de Printemps

Es el título de una película que dirigió Eric Rohmer en el año 1990. También es el título de una recopilación musical que llegó ayer al buzón de mi casa de Montevideo. Como vivo en un hemisferio en el que las cosas suceden justo del revés, celebraré la primavera musical con una foto de los días en los que viví en Berlín. Frío y calor al mismo tiempo. Y las pisadas del fotógrafo saliendo del cuadro y disparando desde algún punto de ese círculo de hielo.

abcdefgh(í)

Respuesta de la agregada cultural de la embajada de Irán a mi pregunta sobre la forma correcta de escribir el nombre de uno de los grandes directores de ese país.
"Casi todos los nombres persas son vocablos agudos, y en el caso de Kiarostamí, debe acentuarse en la í final para una correcta pronunciación".
Por lo tanto, a partir de ahora, diremos Kiarostamí.

Persépolis

El día 13 de mayo comienza el ciclo de cine iraní que me he inventado en Montevideo. Escribo a continuación las sinopsis de las películas programadas. El cartel y el programa de mano estarán en breve. Continuará.

¿Dónde está la casa de mi amigo?
Khane-ye doust kodjast? (1987)
Abbas Kiarostamí

Un camino ascendente y en forma de zig-zag es la distancia que separa el pueblo de Koker de la aldea de Poshteh. Es también el itinerario que deberá repetir una y mil veces el pequeño Ahmed en su particular búsqueda de Nematzadeh, un compañero de escuela al que debe devolver un cuaderno de ejercicios que dejó olvidado en el colegio. Un camino ascendente y en forma de zig-zag es también la distancia que a veces puede separar la felicidad infantil de un llanto desesperado.

Y la vida continúa
Zendegi Edame Darad (1991)
Abbas Kiarostamí

En el momento en el que Brasil marcó un gol contra Escocia en el mundial de Italia (1990), la tierra comenzó a moverse… Es la forma en la que los habitantes del valle de Koker, situado en el norte de Irán, explican el momento en el que un terremoto hizo temblar su región. ¿Habrán sobrevivido los protagonistas de Dónde está la casa de mi amigo? Un cineasta y su hijo inician un viaje a la búsqueda de los niños que trabajaron en la película. Y Kiarostami da su primera vuelta de tuerca al concepto de la metaficción.

A través de los olivos
Zire Darakhatan Zeyton (1994)
Abbas Kiarostamí

Cine dentro del cine y final de la trilogía de Koker. Un equipo de filmación llega al valle en el que se rodará Y la vida continúa e inicia la preparación del rodaje de esta película: selección de personajes, pruebas con los actores, localizaciones… Y mientras los cineastas se preocupan de los mecanismos y rutinas que conforman la filmación de una película, dos de sus protagonistas inician una silenciosa historia de amor que va mucho más allá del mundo de cine. Ficción y realidad, documento y narración, historia y memoria en una obra repleta como ninguna otra de espejos y de ecos.

El globo blanco
Badkonake sefid (1995)
Jafar Panahi

Faltan menos de dos horas para la llegada del Año Nuevo y la pequeña Razieh convence a su madre para que le deje salir a las calles de Teherán a comprar un pez de colores. Es el inicio de una odisea en la que la niña tendrá que enfrentarse a un mundo que no entiende: el de los adultos. Es el inicio también del descubrimiento de sí misma: “Quería ver lo que no era bueno para mí, lo que jamás me dejan ver”. ¿Y el globo blanco al que hace referencia el título? Pocas veces un título ha sido tan misterioso y tan determinante como en este caso, donde su sentido absoluto se desvela en el último fotograma de la película.

Kandahar
Safar e Ghandehar (2001)
Mohsen Makhmalbaf

“El eclipse de sol más largo del siglo tendrá lugar dentro de dos días. Empezará por el Oeste de Irán y cruzará Afganistán por el Este antes de llegar al subcontinente Indio”. Las radios de la frontera de Afganistán no dejan de informar sobre la inminente desaparición del sol. Y en este prólogo de las sombras, hay algo más que está a punto de apagarse: Nafas, periodista afgana con residencia en Canadá, inicia un viaje a contrarreloj desde los campos de refugiados de Irán hasta la ciudad de Kandahar para tratar de evitar el suicido de su hermana durante el último eclipse de sol del siglo XX.

Baran
Lluvia (2001)
Majad Majidi

¿Quién construye los edificios de las ciudades de Irán? ¿Quién carga los pesados sacos de cemento cuando el invierno cubre las ciudades de nieve? En 1979 la Unión Soviética invadió Afganistas y miles de habitantes de este país se convirtieron en refugiados que deambulaban como espectros por las calles de Irán. Lateef es uno de esos refugiados sin papeles. Rahmat es una joven Kurda que también tiene que sobrevivir trabajando en la construcción. Y la lluvia… ¿Qué sentido tiene una frontera cuando la lluvia cae tanto a un lado como al otro? Quizá la lluvia sea la única forma de unir una pequeña historia de amor cuyo destino final es la distancia.

Distancias

Lejos siempre será lejos.
Diálogo para el final de una película inexistente.
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
-
- ¿Qué vamos a hacer ahora?
-

43 minutos invisibles

Leo estos días algunas páginas sobre el cine ruso de la época muda. A principios del siglo XX, el 76 por ciento de la población rusa era analfabeta. En 1922 Lenin lanzaba la siguiente consigna: "De todas las artes, el cine es para nosotros la más importante".
Ya dije que la película rusa más radical de las vistas en el festival de Buenos Aires se titula 4. Así, con numeral: 4. Sólo se me ocurre definir esta obra comparándola con las novelas de Céline o de Houellebecq. Puro abismo.
El diario argentino Clarín recoge en su edición del lunes unas declaraciones del director Ilya Khrzhanovsky en las que habla de la recepción de la película en Rusia. Más bien, de la no-recepción: "Allí no la estrenaron y no creo que vayan a hacerlo. La película ha tenido muchos problemas con la censura. Me pidieron que cortara 43 minutos. Y yo tengo por contrato el corte final, así que me negué".
Reproduzco de memoria uno de los diálogos de la película. La escena se desarrolla en un bar nocturno, en el que los cuatro personajes del filme beben vodka y combinados después de una jornada de trabajo:
- ¿Y usted tiene contacto directo con el Presidente?
- Pasa por nuestro departamento una o dos veces al mes.
- ¿Y el presidente bebe?
- No. Apenas un vaso de vino francés en alguna comida oficial.
- ¿Un presidente que no bebe?
- Él no. La que bebe vodka es su mujer.
- ¿Mucho?
- Sí.

Reconstrucción (Inventarium)

Reconstrucción (Inventarium)

1.
Ayer por la noche vi Reconstrucción (2003), dirigida por el danés Christoffer Boe. La película terminó a las once y media; estaba tan cansado de mi viaje argentino que me fui directamente a la cama. A las doce y media de la noche sonó el teléfono y no me levanté. A la una y media de la madrugada volvió a sonar el teléfono.
- ¿Sí?
- Soy yo.

2.
“Así es como termina siempre. Un poco de magia, un poco de humo, algo flotando. Pero no funciona sin los medios adecuados: un poco de risa, un hombre, una hermosa mujer. Y amor. Comencemos por el principio”.

3.
La fotografía recoge el momento en el que Alex fotografía a Aimee por primera vez. Una fotografía de un personaje haciendo una fotografía.
- ¿Nos conocemos?
- Sí
- ¿Nos conocemos?
- Puedo responderte que no. Podría incluso responderte a la vez que no sabemos nada el uno del otro, que sabemos algo o que queremos saberlo todo.

4.
"Todo es una película. Todo es una interpretación. Pero aún así, duele".

5.
También este cuaderno es una película. No es más que eso. Pero aún así, seguimos leyendo. Pero aún así, seguimos esperando que algún día, en alguna de las notas del cuaderno, suceda algo imprevisible, algo extraño, algo arrebatador. Como que el que escribe todo esto logre en algún momento que un cigarrillo flote en el aire como por arte de magia. Como por arte de magia. Un poco de humo, algo flotando…

6.
Nunca me gustó Eternal sunshine of a spotless mind (Michel Gondry, 2004). Nunca terminé de creer lo que sucedía en aquella historia de amor. Siempre me pareció un juego en el que las preguntas y respuestas estaban escritas al dorso.
En Reconstrucción, como sucede en la última película de Bergman, los personajes no saben. No entienden porqué está sucediendo lo que está sucediendo. Y el espectador tampoco. Yo nunca entendí bien los finales del verano. Pero a pesar de todo, todos los años volvía a prepararme para no entenderlos.

7.
¿Nos conocemos?

Lluvia y sol al mismo tiempo

Es domingo y está lloviendo en Montevideo. Pero es un día feliz. Un buen día. Mercedes Álvarez ha ganado el festival de cine independiente de Buenos Aires. Y la frase de Truffaut que copié ayer sirve en este caso para definir con total precisión la película de Mercedes.
Lista de algunos de los premios del festival:

COMPETENCIA OFICIAL INTERNACIONAL LARGOMETRAJES
Mejor película: El cielo gira de Mercedes Álvarez.
Mejor Director: Ilya Khrzhanovsky por 4.
Mejor actor: Mohammad Bakri por Domicilio Privado.
Mejor actriz: Eva Löbau por The Forest for the Trees.
Premio Especial del Jurado: L'Esquive de Abdellatif Kechiche.
Mención del Jurado: Monobloc de Luis Ortega y Spying Cam de Cheol-mean Whang.

COMPETENCIA OFICIAL ARGENTINA DE LARGOMETRAJES
Mejor película: Como un avión estrellado de Ezequiel Acuña.
Premio Especial del Jurado: Vida en Falcon de Jorge Gaggero.
Mención del Jurado: Los de Saladillo de Alberto Yaccelini.

PREMIOS FIPRESCI (FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE LA PRENSA CINEMATOGRÁFICA)
Mejor Película de la Competencia Oficial Internacional: El cielo gira de Mercedes Álvarez.
Mejor película de la Competencia Oficial Argentina: Los de Saladillo de Alberto Yaccelini.

Cine espejo

François Truffaut en el año 1957:
"El cine de mañana no será realizado por funcionarios de la cámara. Individual y autobiográfico como una confesión o como un diario íntimo, el cine de mañana se parecerá a quien lo rodó".

Cine escritura

Alexandre Astruc en el año 1948:
"El cine está a punto de convertirse en un medio de expresión, cosa que antes que él habían sido todas las restantes artes, y muy especialmente la pintura y la novela. Después de haber sido sucesivamente una atracción de feria, una diversión parecida al teatro o un medio para conservar imágenes de época, se convierte poco a poco en una lengua. Un lenguaje, es decir, una forma en la cual un artista puede expresar su pensamiento, por muy abstracto que sea, o traducir sus obsesiones exactamente igual como ocurre actualmente con el ensayo o con la novela".

Más whisky y otras bandas sonoras

Por fin encontré un disco de Pequeña orquesta reincidentes. Son los que compusieron la banda sonora de la película Whisky. A continuación paso a elaborar una lista de discos y películas que me traje de mi viaje a Buenos Aires.
MÚSICA:
Pequeña orquesta reincidentes, Miguita de pan.
Mi tortuga Montreux, Mapa.
Canción electrónica 2. Pop argentino. Con temas de los siguientes grupos: Adicta, Los látigos, Entre ríos, Olga, Suavestar, L. Camorra, Rosal, Mundialmente, Scoa, Adrián Nievas, Estupendo, Miranda, Los encargados.
Sergio Pángaro, Baccarat en castellano!
Ángela Tullida, Miseria.
Buenos Muchachos, Dentritas contra el bicho feo.
CINE:
¿Y allí qué hora es? Tsai Ming-Liang.
Reconstrucción de un amor, Christoffer Boe.
El hombre sin pasado, Aki Kaurismäki.

Pintado todo de plata

Pintado todo de plata

Esta mañana he vuelto a navegar por el río de la plata y a las dos de la tarde he llegado a Montevideo.
Los que vieron la película Whisky (Rebella y Stoll, 2003) entenderán lo que sigue: a partir de ahora esta ciudad debería llamarse Oedivetnom.

Corea brillante y los tangos de David Lynch

Jueves 21 de abril

Último día. Hoy es mi último día en Buenos Aires. O en ninguna parte, porque pasar una semana viviendo en el motor de un proyector de cine no puede decirse que sea estar en una ciudad. Lo pienso muchas veces después de los festivales ¿Merece la pena pasar tanto tiempo a oscuras y sin importarme nada el movimiento rápido e imparable de la ciudad en la que se desarrolla todo esto? No tengo una respuesta clara, pero ahora mismo se me ocurre pensar que ir al cine no es hacer turismo. Ir al cine durante un festival es otra cosa. Para mí es otra cosa. De lo que estoy seguro es de que no me gusta pasar tanto tiempo en el interior de un centro comercial, por mucho festival que haya de por medio. Y ahora que termina todo esto, vuelvo a echar de menos las calles de San Sebastián y el menú del día del restaurante Aloña (ensalada de tomate y carne en salsa), los paseos entre película y película cerca del mar y el bocadillo con vino del Etxaniz antes de retirarse a casa a seguir soñando con imágenes. Lo dice Graciela Borges en la entrevista que le hacen hoy en la revista del festival: “La vida es más importante que el cine”.
Quiero comenzar esta última crónica recordando Corea. El año pasado, la cinemateca de Montevideo organizó un festival de cine coreano y el embajador de este país del sur hizo una presentación del ciclo que a mí me pareció totalmente surrealista. Con un micrófono en la mano y simulando ser uno de esos viejos y experimentados cantantes de karaoke, el embajador soltó el típico rollo diplomático de tono oficial en el que no se dice nada: que estaba muy contento, que la colaboración entre los dos países, que la hermandad de los pueblos del mundo, que si el cine es un espejo de la cultura, que si la labor de cinemateca era fundamental... Hasta ese momento, todo bien y dentro de lo que uno puede esperar de un señor con carrera diplomática e interés cinematográfico nulo. Lo curioso fue cuando siguió diciendo que las películas elegidas para el ciclo mostraban la sensibilidad del pueblo coreano, su buena educación y las buenas formas de una cultura milenaria. Y digo curioso, porque la película de inauguración era Samaria (2004) de Kim Ki-duk, que de buenas formas no tiene nada, y sí en cambio de violencia, dolor en los ojos y heridas en los cuerpos de los personajes. Es como si ZP presentara un ciclo de derechos humanos en Teherán y pasaran como primera película Torrente. O algo así. En aquel momento supe que los coreanos eran muy raros. También supe después de ver esta película que uno de los platos tradicionales del país es el perro asado, pero esto es otra historia.
Hoy he decidido comenzar el repaso del festival con Corea porque acabo de salir de una película rarísima. Quizá la más rara y bizarra de las vistas estos días. No me ha gustado casi nada pero de tan rara, tiene algo. Se titula So cute y la dirige Kim Soo-Huyn. No he entendido nada del argumento y esto me lleva a pensar que las películas de los directores coreanos consagrados en los festivales internacionales, Kim Ki-duk por ejemplo, son obras “preparadas” de alguna forma para que se comprendan en el exterior. Porque la de hoy era una historia de las que deben verse en los cines de los centros comerciales de Corea y no había manera de hilar argumento y personajes. Es algo así como una historia de tres hermanos, de una chica joven, de unos mafiosos, de una niña borracha y de un edificio que quieren desalojar. Y creo que era de risa, porque los coreanos que había en la sala se reían mucho. He olvidado decir que antes de que comenzara la película, una chica de la organización ha dicho que algunas partes del filme estaban sin subtitular por un problema en la copia pero que no nos preocupáramos porque “prácticamente” se podía entender todo. ¿Prácticamente? Pues lo que faltaba. Al final creo que he entendido más esas partes en coreano puro que el resto de la película, pero bueno. Cuento una secuencia a modo de ejemplo de la sensibilidad del pueblo coreano, su buena educación y las buenas formas de su cultura: en un momento, la niña de la película le dice a la chica joven que acaba de tener la regla y para celebrarlo se emborrachan en un bar y va la niña y se convierte en un personaje de dibujos animados al estilo Candy-Candy y canta una canción totalmente pop y con estrellitas brillando por toda la pantalla. Y claro, toda la sala encantada con Corea y su sensibilidad etílica.
Podría seguir con oriente y con algunas palabras para la película de última hora de ayer, The Wayward cloud de Tsai Ming Liang. Pero no voy a decir casi nada. Fue mi película preferida en Berlín. Y ahora vuelve a ser emocionante. Se me ocurre pensar que quizá sea la película porno menos porno y más de amor clásico de toda la historia del cine.
Y termino con dos apuntes sobre cine argentino. Diré antes, que todas esas películas con hijos con canas, novias felices, señoras mayores y Ricardo Darín tocando la trompeta son películas que no me interesan en absoluto. Por supuesto que hay directores muchísimo más interesantes. Lucrecia Martel, por ejemplo. Se suponía que la mañana de hoy era una mañana para encontrarse con los representantes del otro cine argentino, pero mi sensación después de las dos películas de la mañana es más bien agria.
A las diez han pasado en función especial Géminis de Albertina Carri. Creo que llegaba con fama de polémica por el tema que trata, pues cuenta la historia de amor e incesto de dos hermanos de una familia bien de Buenos Aires. Los hermanos, efectivamente, se quieren mucho, se besan mucho y se tocan mientras suena una canción que dice “tócame despacio, tócame mucho”. Vale. ¿Pero qué más? Había también una madre pesada, un padre ausente, un hermano que llega de España, una novia gallega y no sé qué más boludeces. Lucrecia Martel sigue pareciéndome la gran maestra de los secretos y de lo sutil. La de hoy era un apunte totalmente fallido, tópico y evidente. Y, a pesar de que algunos periodistas de por aquí aseguraban entusiasmados que los chicos actuaban bárbaro, yo creo que actuaban muy mal. Es una película mala. Sin más.
Y va después y llega un artista. Sobre los artistas pretenciosos en el cine se podría escribir mucho. Pero de los artistas pretenciosos que hacen bailar un tango a David Lych, pues como que sólo se me ocurre decir una cosa: ¡por favor! El título es Monobloc y la dirige el argentino y jovenzuelo Luis Ortega. Creo que con esta película puede pasar como con muchas películas de riesgo: algunos las odian y otros las convierten en piezas de culto. Hoy me toca odiarla. Quizá no tanto, pero es que me ha sonado a juego de director hueco con imágenes bonitas al fondo. Voy a tratar de aclararme un poco: la propuesta estética y argumental es interesante. La acción se sitúa en un edificio abandonado y de ambiente post-apocalíptico y las protagonistas son tres mujeres que viven en ese extraño bloque: Graciela Borges, Rita Cortese y Carolina Fal. Y la historia se traza con diálogos y secuencias de esbozo rápido que no permiten en ningún momento comprender qué es lo que realmente está sucediendo en ese lugar. Aclaro que yo soy un defensor de que las cosas no se entiendan (leí cuatro veces el libro de Vila-Matas titulado Aunque no se entienda nada) y que en ningún caso eso puede molestarme, pero me da la sensación de que las matemáticas y el cálculo estético ganan otra vez al cine y que la historia se hunde en sí misma. También podría pasar que esto lo firma David Lynch y en americano con subtítulos y que me encanta. Pero es que con un David Lych tengo bastante. Y otra vez me acuerdo de Lucrecia Martel y de su naturalidad para crear ambientes extraños sin necesidad de filmar nada extraño. A ella le basta con observar y escuchar con atención. Otro necesitan decir de manera evidente que están construyendo una obra de arte. Y, ya lo dije en el apunte de ayer, yo siempre he preferido los números invisibles, los hilos que no se ven.
Y casi fin. Esta noche dejo el centro comercial y me cambio a un cine llamado América. A las nueve veré otra película del japonés Ryuichi Hiroki. Y a las once la última de John Waters. Mañana por la mañana salgo del puerto con destino a Montevideo. La vida continúa.

Voto del público (y que siga girando)

Esto es lo que dice la revista del festival sobre los votos provisionales del premio del público:
4,27 El cielo gira
3,96 Domicilio privado
3,87 The forest for the trees
3,58 L'Esquive
3,45 The irrational remains
3,42 Thirst

Guardianes entre el centeno

miércoles 20 de abril

Dormir en el cine. Esta mañana he vuelto a intentar dormir en el cine, pero no lo he conseguido, pues no es nada fácil entregarse al sueño si no hay un lugar cómodo en el que apoyar la cabeza. O al menos a mí me cuesta mucho. Y lo de entrar en las secciones de prensa con una de esas almohadas con forma de herradura, pues como que no queda muy bien. Y comento todo esto de dormir en una butaca roja, sin intención alguna de menospreciar las películas que estoy viendo; pero es que son ya muchos días viviendo a oscuras, madrugando un poco y terminando tarde, y el cansancio hace que en todas las sesiones de primera hora me asalte en algún momento la tentación de descansar profundamente por unos minutos.
Siempre he querido dormir dentro de un cine. Y cuando escribo dormir quiero decir pasar toda una noche dentro de un cine, bajo la pantalla, con un colchón, una manta, una almohada y un despertador para irme antes de que llegue la señora de la limpieza o el proyeccionista. Me sucede lo mismo con los museos y con los acuarios: siempre me parece que lo más interesante de estos lugares sucede justo cuando cierran las puertas al público.
Dos películas por la mañana y la sensación de que estoy ya mayor para algunas cosas: el argentino Ezequiel Acuña presentaba en la sección argentina a competencia Como un avión estrellado. La historia se centra en un joven de quince o dieciséis años que está en proceso de iniciación a la vida adulta. Y bla, bla, bla, bla, bla, bla, pero yo me he sentido muy lejos de las motivaciones y rumbos de los personajes. Lo más raro de todo es que el propio estilo del realizador parece totalmente adolescente, con musiquita sonando alto y cámaras lentas mostrando a una joven de la que el protagonista está enamorado. ¿Juego del director, empatía con el personaje? No lo sé, pero me da igual. La película no es mala ni buera y hay algún personaje interesante, pero yo no estoy para estas cosas. Si quiero adolescentes sin rumbo, releo La Biblia de neón de John Kennedy Toole. Y para adolescencias de cine con normalidad y ciudad al fondo, me quedo con El otro barrio (2000) del silencioso y cada vez más interesante Salvador García Ruiz.
La segunda película del día ha repetido adolescencias y dudas de iniciación; su título, Temporada de patos, del mexicano Fernando Eimbcke. Lo que más me ha gustado ha sido la música con la que empezaba: una canción pop cantada por una chica en la que se contaba la historia de un pato bañándose en el agua y algo del final de un verano. Rodada en blanco y negro y en 16 milímetros, bla, bla, bla otra vez y nada que me apetezca contar en este cuaderno, pues no hay nada que me haya emocionado.
Termino con una promesa: dentro de una hora volveré a ver la película del taiwanés Tsai Ming Liang titulada The Wayward Cloud. Es la película que más me gustó de las que proyectaron en Berlín. Y esta tarde volveré a verla en Buenos Aires. Estos puentes e hilos secretos que saltan geografías y unen todo lo que está lejos son quizá lo único que hace que todo esto de las películas y de los viajes merezca realmente la pena. Prometo estar muy cerca cuando esté viendo esa película, cuando los que lean esto estén leyendo esto.

Sin título (porque hay muchos títulos)

martes 19 de abril (2) y miércoles 20 de abril

Esto es una lista breve de películas en las que he estado en los dos últimos días. Podrían ser también unas instrucciones para entrar dentro de una pantalla de cine sin necesidad de cavar túneles.
1. Italia, por fin Italia: Hace dos semanas vi en mi casa una película muy larga y emocionante titulada La mejor juventud y dirigida por el italiano Marco Tullio Giordana. Fue como volver a creer en un cine que pensé que ya no existía. Ayer volví a encontrar una película emotiva que llegaba desde ese país: Vento di terra del director Vicenzo Marra. Cuenta la historia de un joven que vive en una barriada de Napoles y que debe hacerse cargo de su familia y de su vida anodina. Todo muy simple, pausado, duro, amable, intenso... Todo como si fuera una de esas verdades que hace unos años se llamaron neorrealistas. Italia resucita y quizá algún día Monica Vitti vuelva a pasear por un parque al final de una noche titulada La Noche.
2. Niños envueltos: La guardería que está al lado de la sala de prensa se llama Museo de los Niños. Disecados, lo que se dice disecados, no están, porque hacen más ruido que el séptimo de caballería en un tablao flamenco. Ahora mismo están gritando “¡Fuera, fuera, fuera, fuera!”. Se ve que quieren expulsar a alguien del museo. ¿En qué estaban pensando los del festival cuando diseñaron esta sala de escritura? Algún director de cine dijo una vez que trabajar con animales y con niños era lo más difícil del cine. Seguro que debe ser muy difícil. Ahora gritan “¡Queremos entrar, queremos entrar!”. Y, efectivamente, han entrado en este cuaderno con forma de caja con cosas dentro. En Uruguay hay un plato de carne con tomate que se llama Niños envueltos. Ñam.
3. Lo que hay detrás de las nubes: El cielo gira es la única película española que ha llegado a la sección a competencia de este festival. La dirige Mercedes Álvarez. Conocí a Mercedes cuando estudiábamos cine en Barcelona y recuerdo que fue ella la que me dejó una copia de una película que llevaba mucho tiempo queriendo ver y que, casualmente, casi comparte título con la que ahora estrena en Buenos Aires: El cielo sube de Marc Recha.
La película no ha sido reconocida por la prensa del lado de allá hasta que ha empezado a ganar festivales en el extranjero. “Es triste que sucedan estas cosas”, dice Merche, que pasó ocho meses montando las más de cien horas que grabaron en un pueblo de Soria llamado Aldeaseñor. Todo en esta película es cercano: el humor, los personajes, la memoria, el tiempo... Escribiré otro día y con más calma sobre sus imágenes. Mercedes viaja este domingo al festival de Tribeca, en Nueva York. Más allá de las nubes está el cielo, aunque en algunos lugares siguen empeñados en dibujar nubarrones y decir que la crisis no deja pasar el sol. ¿Qué crisis, señores, qué crisis?
4. Nadar: era de noche, estaba escuchando un programa en Radio Tres y en un momento, el locutor dijo que el cantante Jeff Buckley había desaparecido en el río Mississippi. Después supe que el músico se había metido al río para darse un baño y que las corrientes y los remolinos lo hundieron para siempre. Cuando sucedió todo esto, llevaba ya un tiempo sin escuchar su disco Grace. Lo puse esa madrugada y creo que soñé con un profesor de natación que se hacía llamar J y que tuve cuando era pequeño. Ayer pasaron un documental sobre Buckley titulado Amazing Grace. El tipo era un buen cantante pero la película es muy mala: parece un programa de televisión realizado por fans y eso no es una película.
Cuando encontraron su cuerpo muchas millas río abajo, habían pasado seis días y era de noche. Seguro que aquella noche, en algún lugar de aquel sur oscuro, alguien escuchaba un blues en la radio y soñaba con hacerse mayor para pode cruzar nadando de un extremo a otro todo el río Mississippi.
5. Ojos: hay muy poca luz en la sala de prensa y es posible que a mi vuelta del festival tenga que hacerme una revisión en la óptica que hay bajo mi casa de Montevideo.
6. Alas de un ángel desnudo: el festival está haciendo una retrospectiva de un director japonés que yo no conocía. Se llama Ryuichi Hiroki, su filmografía tiene cientos de títulos y su carrera comenzó con la dirección de unas películas que en Japón se llaman Pink y que son una especie de manga erótico llevado al cine. Ayer pasaron L’Amant (2004) y el cartel de esta película es mi favorito de todos los que se pueden ver por aquí: es una foto de la espalda de una joven en la que hay tatuadas dos pequeñas alas. Después, la película no llega tan lejos: cuenta la historia de una estudiante que se vende por un año a tres adultos. El argumento es raro, sí, y hay momentos alucinantes. Pero falta algo... Quizá falta que el ángel salga volando y que la película llegue tan alto como los fuegos artificiales que hacen llorar a los protagonistas de esta historia sólo imaginable en un país tan esquizofrénico como Japón.
7. Luces y formas en los párpados: hay un experimento visual que todos hemos realizado alguna vez y al que a mí me gusta volver de vez en cuando. Consiste en cerrar los ojos muy fuerte durante algunos segundos y en abrirlos después muy rápido para observar por milésimas unas formas que cruzan los ojos muy rápido. El escritor Ignacio Martínez de Pisón escribió una vez un cuento sobre este fenómeno.
En los años veinte del pasado siglo, hubo unos cineastas que teniendo en cuenta las vanguardias que estaban asaltando a velocidad de vértigo el mundo de las artes plásticas dijeron que el cine no necesitaba personajes, ni argumentos, ni localizaciones; para ellos bastaban los movimientos y formas de luz proyectadas sobre la pantalla. El cine abstracto quedó a partir de entonces condenado a las salas de los museos de arte. Hasta hoy: el director argentino Ernesto Baca ha presentado en la sección a competencia un título abstracto-experimental-colorista-rítmico titulado Samoa. Y la película no es más, ni menos, que eso: un experimento abstracto, experimental, colorista y rítmico de algo más de una hora de duración y sin personaje, ni argumento, ni localizaciones. Los primeros minutos de proyección me he dejado llevar por la propuesta y ha sido una buena forma de no pensar en nada durante un rato; después he tratado de descubrir los trucos visuales y he pensado que todo esto quedaría muy bien como proyección en un directo musical de Miztura, Lisabö, Nire o Le noise. Después he intentado dormir un poco, aunque no lo he conseguido por la incomodidad de no poder apoyar la cabeza en ningún lado. Puedo decir que ha sido una curiosa forma de comenzar el día, aunque, sinceramente, sigo prefiriendo el ejercicio infantil y mágico de cerrar los ojos muy fuerte durante algunos segundos y abrirlos después muy rápido.
8. Perros heridos, perros heridos, perros heridos, perros heridos: cuando jugaba en el equipo de baloncesto del colegio llevaba una camiseta demasiado grande con el número once a la espalda. Siempre pensé que el once era uno de esos números suficientemente anónimos como para no comprometerme demasiado en ninguna jugada fundamental del partido. De alguna forma, el once era un número invisible. El cuatro en cambio es demasiado cuadrado. Cuatro. Las patas de una mesa. Cuatro. Los puntos cardinales. Cuatro. El número de personajes que pueden estar bebiendo vodka en un bar de Rusia. Cuatro es también el título más radical de los proyectados hasta ahora. Dirigida por Iliya Khrzhanovsky, presenta un retrato expresionista, desagradable, caótico y de volumen estridente de la Rusia de nuestros días. Todo suena en esta obra a distorsión, a resto de naufragio, a herida infectada, a rabia muy dentro. Y en todo momento, unos perros callejeros de ladridos afilados se cruzan con los personajes de esta historia que son muchas historias a la vez, que es una sola historia: la del abismo más profundo del barro. Por momentos es Freaks (1932) de Tod Browning, un poco Tarkovski o una máscara de Nolde; y a veces llega mucho más lejos que los cuchillos daneses del Dogma 95. Cuatro personajes cruzándose como se cruzan los músculos rojizos en esas esculturas de anatomía que muestran cuerpos desollados.
9. Los nazis también cantaban canciones de amor: Basilio Martín Patino estreno hace mucho años y con muchos problemas de censura una película de canciones y de guerra titulada Canciones para después de una guerra (1970). Hoy el festival programaba un título en su sección de título raro (Algo judío se llama la sección) que repetía el esquema de “guerra y su particular discografía”. Hitler’s hit parade, de los directores Oliver Axer y Susanne Benze, recupera imágenes y músicas alemanas de los años treinta y elabora una película de montaje en la que se muestra la “normalidad” y el swing de una época en la que la historia se escribía sobre miles de cadáveres. Grandes éxitos de la infamia, de la vergüenza, del dolor.
10. Insulto: malditos señores, ¿se callan? Los periodistas argentinos son peores que los del Museo del niño. Se creen que la sala de prensa es un taberna y se pasan la tarde hablando y gritando como si estuvieran en San Fermín. ¡Pelotudos! Es que a mí me gusta escribir con cierto silencio, de lo contrario no consigo recordar las imágenes de las películas vistas. Fin y mañana más. Hoy necesito dormir muchas horas.

Violoncello con cosas dentro

Hubo una época en mi vida en la que todas las películas que veía tenían un violoncello al fondo. Recuerdo que la primera vez que hablé de esto fue después de ver Le dérnier Metro, rodada en 1980 por François Truffaut. Catherine Deneuve utilizaba la funda de un violoncello para hacer contrabando de embutidos y vinos durante la ocupación nazi de Francia.
- ¿Has metido alguna vez un jamón dentro de la funda del cello?
Y Mai me respondió que sí.
Hoy es su cumpleaños. Le mando un abrazo y un beso fuerte desde esta caja con forma de caja con cosas dentro.