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UNA CAJA CON COSAS DENTRO

Luz en las ventanas

Luz en las ventanas

Hoy es mi última noche en Montevideo. Final del invierno más largo.
Subo una fotografía que saqué hace una semana. Es Jean Seberg mirando a cámara desde Al final de la escapada (À bout de souffle), Jean-Luc Godard, 1959. En el edificio del fondo están ya preparándose para irse a dormir.
Creo que todos estos meses podrían resumirse en esta imagen:
ventanas iluminándose mientras nos miran, mientras miramos.

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Cero

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Cuenta atrás

Cuenta atrás

10.
“Y así fue como dejó, cerrando cuidadosamente la puerta, ese lugar misterioso que, sin duda, no volvería jamás a ver”.

9.
Un viaje en tren y un itinerario que realizaré recordando al viejo Robert Walser, al joven Alain Fournier:
La Chapelle d’Angillon, Sologne, Les Bas Berry, Bourges y Les Espargues.

8.
Desde que escribo en una caja, no puedo dejar de anotar otras cajas con cosas dentro. Página 272:
“Ya había inspeccionado vanamente no sé cuántas alacenas y armarios, abriendo, en los cuartos trasteros, una gran cantidad de antiguos paquetes de todas las formas, que tan pronto se encontraban llenos de envoltorios de viejas cartas y de fotografías amarillentas de la familia De Galais, como rebosantes de flores artificiales, de plumas, de penachos, y de pájaros pasados de moda. De esas cajas se escapaba no sé qué olor marchito, de perfume extinguido, que, de repente, despertaba en mí durante todo un día los recuerdos, las nostalgias, y detenía mis búsquedas”.

7.
Otra vez los recuerdos. Página 280:
-Lo que me gusta en usted –me dijo mirándome lentamente-, lo que me gusta en usted, no puedo saber por qué, son mis recuerdos.

6.
Una canción en la página 105 que hace que me acuerde de aquella película que ustedes vieron en San Sebastián (The red shoes, Michael Powell, 1948) mientras yo me metía en una sala en la que daban una del espacio:

Mis zapatos son rojos
Adiós, mi amor
Mis zapatos son rojos
¡Adiós, para siempre!

5.
En un primer momento me acordé en Erice y de Erick Zonka. Después pensé que Truffaut o Renoir podrían haber realizado una gran película con este material.
Pero hoy escribo que ese pueblo de provincias francés en el que se desarrolla la acción de El gran Meaulnes está en oriente.
Hou Hsiao Hsien. He estado repasando el comienzo de Millenium Mambo (2001). Y el tono de esta película es el mismo que encuentro en las despedidas, tristezas y ausencias de Meaulnes. La película comienza así, hablando de un tiempo lejano en el que sucedieron muchas cosas:
“Rompía con Hao-hao, pero él siempre la encontraba. La llamaba, le rogaba que volviera una y otra vez. Como si estuviera hechizada o hipnotizada, no podía escapar. Siempre volvía. Se decía a sí misma que tenía 500.000NT$ en el banco. Cuando los hubiera gastado, le dejaría para siempre. Esto sucedió hace diez años...”.

4.
Página 97:
“Meaulnes se quedó un momento desconcertado viéndola marcharse. Después siguió su camino. Entonces, la joven, desde lejos, en el momento en que se perdía otra vez entre la muchedumbre de invitados, se detuvo y volviéndose hacia él, le miró largamente por primera vez. ¿Era una señal de adiós? ¿Era para prohibirle que le acompañara? O quizá, ¿tenía todavía algo que decirle?”.

3.
En 1913, el escritor francés Alain Fournier publicó su primera y única novela, titulada El Gran Meaulnes. Fournier murió en 1914 en el campo de batalla de Les Espargues. Tenía 28 años. Justo la edad que tengo yo ahora.

2.
Anotaciones para un viaje francés que debo hacer en algún momento: La Chapelle d’Angillon, Sologne, Les Bas Berry, Bourges, Les Espargues. Y al llegar a Les Espargues, reservar una habitación en algún hostal, tomar unas últimas notas, sacar algunas fotografías en blanco y negro, cenar un plato de caza con vino de la región y escribir unas cartas postales antes de retirarme a dormir.

1.
La última vez que hice un viaje muy largo en tren, partí de Stuttgart, hice una parada en Estrasburgo y atravesé después una Francia nocturna y de invierno hasta llegar a París. Pasé un día en la ciudad y a la mañana siguiente volví al tren; después de muchas horas dormitando, leyendo, tomando algunas notas y mirando por la ventana del vagón, llegué por fin a la frontera de Irún. De aquel viaje emocionante y frío guardo en mi cuaderno una anotación sacada de la página 197 del libro Vértigo de W. G. Sebald:
“La presión bajo la que me encontraba no se aplacó hasta que el tren no estuvo rodando por el interior de la estación de trenes de Heidelberg, donde la gente que había en los andenes era tan numerosa que de inmediato los supuse fugitivos de una ciudad en vías de extinción o ya extinta”.

Fine Atto Primo

1.
Hace unos meses escribía una carta en la que decía que a mi vuelta íbamos a hacer una sesión con vino blanco y embutidos para ver todos juntos La meglio gioventù (La mejor Juventud, 2003) de Marco Tullio Giordana. Justo hoy, a punto de cerrarlo todo, me acuerdo de esa película y recupero uno de los momentos que me gustaron mucho.

2.
Algún día viajaremos a Noruega.
Algún día volveremos a Italia.

3.
“He dejado a mis compañeros y sigo hacia el norte. No me creerás, pero te escribo desde delante de una pequeña iglesia de madera, a pocos pasos de un mojón que dice que por aquí pasa la línea del círculo Polar Ártico”.

4.
Próximos bailes (para el día 30 de julio):
¡A-na-tomía!

Toma única

Toma única

Cosas para ir haciendo durante el verano (entre otras cosas):
¡Prepararlo todo para rodar unos cortos en súper ocho!
Después viajar a Madrid y proyectarlos en este festival pequeño y grande que han organizado Miguel, Rita, Nerea, Eva y algunos amigos más que viven en la capital. Yo me apunto.
Festival Toma Única
En la imagen, un señor muy majo despidiéndose y dando la bienvenida al mismo tiempo.

Misterios

Misterios

1.
-Siga a ese coche.
E indicar al taxista una ruta peligrosa por las calles de una capital europea, salir corriendo del auto, entrar después a un museo y caminar despacio entre los cuadros mirando hacia todos lados, como si el peligro estuviera a punto de aparecer en pantalla.
Siempre me gustaron las películas de espías. De espías lentos y secretos.

2.
Quería una película de domingo. Feliz y de domingo.
Y puse Charada de Stanley Donen, 1963.

3.
A veces las cosas suceden a una velocidad vertiginosa. Como los diálogos del comienzo de esta película.
Audrey Hepburn y Cari Grant se acaban de conocer en una estación de esquí. Ella se llama Regina Lampert y ha decidido divorciarse de su marido. Y cita a Shakespeare antes de volver a París:
-Shakespeare dijo que cuando dos personas se conocen en tierra extranjera deberían volver a verse.
-Shakespeare nunca dijo eso.
-¿Cómo lo sabe?
-Es horrible. Se lo acaba de inventar.
-Sí, pero suena bien. ¿Me llamará?
-¿Su número está en el listín?
-El de Charles.
-¿Sólo hay un Charles Lampert?
-Eso espero.

4.
Y vuelvo ahora a un inventario como el de Henry Bengoa Invetarium. Aunque esta vez no hay hojas de árboles prehistóricos, sino sellos misteriosos.
Anoto que en algún momento tengo que escribir algo sobre los coleccionistas de sellos y los coleccionistas de hojas de árboles.
El inventario corresponde al contenido de una bolsa azul decorada con las letras amarillas de la compañía aérea Lufthansa:
-Una cartera con 4000 francos.
-Una agenda con una última anotación realizada ayer jueves: “Cinco de la tarde, jardín de los Campos Elíseos”.
-Un pasaje para Sudamérica.
-Una carta, franqueada y sin cerrar, dirigida a Regina Lampert.
-Una llave.
-Un peine.
-Una pluma estilográfica.
-Un cepillo de dientes y polvo dentrífico.

5.
¿Un pasaje para Sudamérica?
Hace cuatro meses, esa bolsa azul con letras amarillas podría haber sido parte de mi equipaje.

6.
Las cartas. Las cartas en mi buzón. Las cartas sobre la mesa de casa. Las cartas justo antes de abrirse. Los sobres desgarrados. Los papeles doblados y con marcas casi invisibles. Los sellos. La relectura justo antes de dormir. Las cartas.
En la película hay tres sellos misteriosos y valiosísimos:
“Este es sueco, de cuatro chelines, llamado Regula Firaskiriden, impreso en 1854. El segundo se llama el Azul Hawaiano, de 1894. Su dueño fue asesinado por un coleccionista obsesionado por poseerlo. El tercero se llama La Gazet Moldure. Es una obra maestra. Fue impreso a mano en papel de color y con las iniciales del impresor”.

7.
Regina Lampert dijo una vez que cuando dos personas se conocen en tierra extranjera deberían volver a verse.

Queso y vino tinto

Queso y vino tinto

1.
Hace dos días estuve en el entierro del abuelo de una amiga. Fue en el cementerio británico de Montevideo. Llovía mucho.
Nunca conocí al abuelo en persona pero una vez vi unas imágenes en súper ocho de cuando era joven. Su nieta utilizó aquella película antigua en un cortometraje en el que contaba la historia de su abuelo: había nacido en Austria, combatió en el frente ruso, trabajó después como traductor para los americanos y terminó casándose y viviendo en Uruguay.
En el entierro había un señor muy mayor acompañado por su esposa, también anciana. Alguien me dijo que había sido compañero de colegio del difunto. Observaron la ceremonia desde lejos y cuando casi todos se habían ido ya, se acercaron a la tumba y estuvieron un buen rato observando la sepultura, parados bajo la lluvia, sin decirse nada. Después se fueron caminando muy despacio.
Compañeros del colegio... Antes de irme tengo que escribir sobre El gran Meaulnes, la novela de Alain Fournier que he leído estos días. Hoy anoto simplemente la impresión que me produjo ver en el cementerio a ese señor que compartió su infancia y adolescencia con el abuelo austriaco. Es posible que conociera cosas de él que ni sus hijos y sus nietos sabrán nunca. También es posible que de alguna forma lo conociera mejor que todos ellos.
Me llama mucho la atención que la infancia y la vejez terminen siendo parte de un mismo recuerdo.

2.
Café y cigarrillos, Jim Jarmusch, 2004. Café y champagne.
-¿Estás bien Taylor?
-No exactamente.
-¿Qué pasa?
-No lo sé. Me siento tan aislado del mundo... Ya no me identifico con el mundo.
Dos ancianos comparten un café en el descanso de su trabajo. Están cansados, hablan despacio, recuerdan otros tiempos e inventan frases que sólo se pueden inventar en la infancia o en la vejez: “Si tuvieras entusiasmo por la vida, este café de sabor asqueroso podría convertirse en champagne”. Y el café se convierte en champagne.
-Propongo un brindis.
-¿Por qué brindaremos?
-Por el París de los años veinte, por Josephine Baker, por el Moulin Rouge...

3.
El café no me deja dormir y a mí me gusta tener sueño. Tampoco fumo. Lo que a mí realmente me gusta es el queso y el vino tinto en una merienda cerca del mar. Y que las noches sean muy largas.
Aimée me dice que este verano va a ser un gran verano.
Brindo por esos días que están a punto de llegar.

Contra el olvido

Contra el olvido

1.
-¿Por qué estás en Hiroshima?
-Una película.
-¿Una película?
-Actúo en una película.
-¿Y antes de Hiroshima, dónde estabas?
-En París.
-¿Y antes de París?
-Antes de París estaba en Nevers.

2.
Nichée au cœur de la Bourgogne, du Centre et de l’Auvergne, Nevers, capitale de la Nièvre, est située à 2 heures de Paris par l’A77.

3.
Habitación 118 del hotel New Hiroshima. "No smoking in bed".
El teléfono del hotel: +81-(0)82-502-1121.
Una última noche para decirse adiós. Ella está a punto de marcharse para siempre. Mañana, a esta misma hora, estará a miles de kilómetros de allí.
-¿Es probable que nos muramos sin habernos vuelto a ver?
-Es probable, sí.

4.
Hiroshima mon amour, Alain Resnais, 1959.
Emmanuelle Riva, Eiji Okada.
Scénario et dialogues Marguerite Duras.

5.
Durante muchos años viví frente a un colegio de monjas llamado Las francesas. El equipo de baloncesto de ese colegio se llamaba Nevers.

6.
Siempre que leo a Marguerite Duras tengo la sensación de que algo está a punto de suceder, de que queda muy poco tiempo, de que en algún momento y en algún lugar...
-Me gustaría estar contigo, unos días, en alguna parte, alguna vez.
-A mí también.
Hiroshima. Hay ciudades que no paran nunca, donde siempre hay gente despierta. La necesidad de vivir en una ciudad despierta.

7.
Maneras de decir adiós: caminar por una calle iluminada por neones, no mirar atrás, no mirar atrás, temblar un poco, cerrar los ojos y repetir de la forma en que repite ella en la película:
“Ahora vendrá hacia mí. Me tomará por los hombros. Me besará. Me besará y estaré perdida”.

8.
Anoté hace unos días en mi cuaderno que no puedo olvidar todos estos meses. “No puedo olvidar todos estos meses viviendo lejos. Todos estos años”. Anoté que no puedo olvidar las cenas con cuchara. Las llamadas de teléfono. Las cartas en el buzón de apartamento 207. La necesidad de estar cerca.
Mientras tanto, en la película:
-Como tú, yo también he intentado luchar con todas mis fuerzas contra el olvido. ¿Por qué negar la necesidad evidente de la memoria?

9.
Una chica atravesando un bosque en su bicicleta. Sucedió hace muchos años, en una ciudad francesa llamada Nevers, a orillas del río Loira.

10.
Observar. Observar despacio a una persona mientras duerme.
-¿Qué soñabas?
-No me acuerdo, ¿por qué?
-Miraba tus manos. Se mueven cuando duermes.

Volar (algunos números)

MONTEVIDEO (CARRASCO)-MADRID (BARAJAS):
IB 6864
07 de julio 14:20 horas
Tiempo de vuelo: 11 horas y 45 minutos.

MADRID (BARAJAS)-BILBAO:
IB 0448
08 de julio 08:25 horas
Tiempo de vuelo: 1 hora.

Tiempo total de vuelo: 13 horas. Es justo lo que mide todo el mar. El de verano. Y el del invierno.

El mar en invierno

El mar en invierno

1.
Nadar. Nadar solo. Quizá sea una de las formas de soledad más extrañas (y añado esta frase a mis apuntes sobre comer con cuchara). Contar bajo el agua: uno, dos, tres, cuatro, cinco... Dar la vuelta como lo hacen los nadadores olímpicos. Nunca supe cómo dar esa vuelta hasta que el año pasado la nadadora Jess me explicó cómo se hacía. Entrené mucho hasta que me salió.
Cuarenta largos en el Club Natación Bohemios de Montevideo (totalmente Kaurismäki este club). Y sigo con unos apuntes sobre la natación y el cine.

2.
Títulos que me gustan mucho como títulos:
Letter from an unknown woman, Max Ophüls, 1948.
Nadar solo, Ezequiel Acuña, 2003.

3.
Viendo la película de Ezequiel Acuña me acordé de Los cuatrocientos golpes de Truffaut, de Rebella y Stoll y del director español Salvador García Ruiz.

4.
El mar siempre al fondo. Y un profesor pasando lista en el colegio y protagonizando uno de esos diálogos que yo calificaría de finlandeses.
-Alcuri.
-Presente.
-Babio.
-Yo, presente.
-La próxima más fuerte, Babio, así le escuchamos todos. Canempar, Canempar... ¿Otra vez faltó Canempar?
-Sí, está enfermo, creo que tiene gripe.
-¿No se había lastimado el tobillo la semana pasada este Canempar?
-No, no, el del tobillo soy yo.
-¿Y cómo va, estás mejor?
-No, pero no quiero seguir faltando.
-¿Canempar era el pelirrojo de anteojos? ¿Ese es Canempar?
-No. El pelirrojo es Santín. Y el de anteojos es un chino, Cheng Tung.

5.
Cuando llegaron los créditos, anoté el nombre de una banda argentina de la que quiero saber algo más:
Jaime sin tierra.

6.
Una caja dentro de una caja. Una caja dentro de una película. Una nota breve sobre esa caja de cartón que encuentra Martín, el personaje de Nadar solo: en su interior, entre cables, cintas de música y libros, un papel en el que su puede leer:
“Mariana Bilinghurst, 1900”.

7.
Juramento:
“Juro que esto que me dijo Martín no se lo voy a contar a nadie, y mucho menos a papá y a mamá, o si no que me pise un barco”.

8.
El mar siempre al fondo. Y una explicación frente a una playa de invierno:
“El agua tarda más en asimilar la temperatura, mucho más que el aire. Por eso, de día, aunque haga calor, el agua está fría porque la luna la enfrió durante toda la noche. Y de noche está caliente porque recibió el calor del sol durante todo el día”.

Il settimo giorno

Il settimo giorno

Esto es una anotación por capítulos.
En 1962, cuatro directores italianos dirigieron una película titulada Bocaccio 70. ¿Por qué setenta? No lo sé. ¿Por qué Bocaccio? La película adapta a todo Technicolor cuatro cuentos del escritor Giovanni Bocaccio, autor del célebre Decameron (1350).

1.
El primer acto lo dirige Mario Monicelli y se titula Renzo e Luciana.
Y leo en los título de crédito: “Scritto da Giovanni Arpino, Italo Calvino, Suso Cecchi D’Amicco, Mario Monicelli”.
Justo ayer recordaba El Baron rampante de Calvino.
No sabía que también había trabajado en el cine. Una sorpresa.

2.
Añado una secuencia de esta película a mi colección de cine y piletas.
¡Qué piscina! ¡Cuánta gente! ¡Qué calores!

3.
“El domingo... El domingo nos quedaremos todo el día en la cama. ¡Qué maravilla!”.

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Bevete piú latte

Bevete piú latte

1.
En 1933, los exploradores y documentalistas Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack decidieron cambiar sus tomas de exóticos paisajes por una película que muy pronto se convirtió en gigantesca y clásica. Hablo de King Kong.
¿Cuántas veces hemos visto esa secuencia en la que el gorila lucha desde lo alto del Empire State contra los aviones mosquito?
Todo un clásico insuperable... Hasta que llegó Fellini.

2.
Acto segundo de Bocaccio 70: La tentazioni del Doctor Antonio, dirigido por el artista del trapecio Federico Fellini.
Y en vez de un King Kong gigante, la actriz Anita Ekberg elevada sobre los edificios de Roma.

3.
Había un amigo que cada vez que decía el nombre de Anita Ekberg se tropezaba.
Es que es como para tropezarse.

4.
Y esa canción fantástica saliendo del altavoz que hay sobre la valla publicitaria en la que Anita anuncia la leche…
“¡Beban más leche/La leche hace bien!
La leche conviene/A cualquier edad.
¡Beban más leche/Beban más leche!
Más leche italiana.
La leche hace bien /A cualquier edad.
¡Beban más leche!”.

5.
Que se lo digan al Dottor Antonio (interpretado por Pepino De Filippo).
O al excéntrico Alex de The Clockwork Orange (Stanley Kubrick, 1971).

6.
Dicen que un vaso de leche antes de irse a la cama ayuda a conciliar el sueño.

Sessantotto

Sessantotto

1.
Acto final y feria en un pueblo italiano llamado Lugo.
Vittorio de Sica, junto con su escudero/guionista Cesare Zavattini, cierra la película Bocaccio 70 con un título que tienta a la suerte: La Riffa.

2.
Una vez me tocó un viaje a Suiza por comprar unos quesos en un gran supermercado. Por supuesto que cuando me lo dijeron no les creí y pensé que me obligarían a comprar cien kilos de emmental para poder canjear el premio. Pero no. El viaje salió, me acompañó mi hermana, visitamos Berna, Ginebra y un montón de fábricas de queso, nos regalaron un reloj y la última noche la guía del viaje se quedó a dormir en nuestro cuarto de hotel porque decía que el conductor del ómnibus que nos servía de transporte se había enamorado de ella y estaba tratando de entrar a su habitación por el balcón.
Creo que es la única vez en la que me ha tocado algo en un sorteo.

3.
También podría suceder lo de tropezarse al decir el nombre de Sophia Loren.
Ella trabaja en una atracción de feria, una vaquilla se escapa del mercado ganadero, todos corren asustados y un joven se hace el valiente frente al bicho.
Todo muy de Italia, todo muy de feria, todo muy de colores rojos.

4.
Y el momento culminante: sorteo de la lotería de Nápoles. El número elegido en ese sorteo será también el que gané la rifa realizada de manera clandestina en la feria. ¿El premio? Un viaje a un país llamado Sophia Loren.

5.
¿El 89?

Il lavoro

Il lavoro

1.
El tercer acto es también el más frío, el más serio, el más aristocrático. Luchino Visconti pone en escena un drama de techos altos, mármol de Carrara, sirvientes vestidos de uniforme azul y la actriz Romy Schneider hablando italiano con acento austriaco.

2.
Suena el teléfono. Y ella responde llorando:
-¿Quién es? ¿Mi padre? Sí, Antonio. Dígale que no puedo hablar ahora. ¿Por qué? Porque estoy trabajando. Por favor, dígale también que ya encontré empleo. Sí, un empleo. Gracias.

3.
Si pudiera elegir un trabajo (aparte de arquitecto, de músico y de entrenador de ping pong) elegiría escritor de cartas, viajero y nadador.

Historia de los árboles

Historia de los árboles

1.
De un texto escrito en un cuaderno que guardo en una caja desde hace casi dos años: “Me sucede a veces que cuando no puedo escribir recurro a la palabra “árbol” para empezar otra vez desde el principio. ¿Por qué esta palabra? No lo sé. Quizá tenga que ver con las raíces; o con una idea casi insconsciente que reconoce en esas cinco letras algo primitivo y básico”.

2.
Sacrificio (1986), Andrei Tarkovski. La película comienza con una imagen en la que puede verse a un padre y a un hijo plantando un árbol en mitad de un paisaje ruso. Y mientras cavan y preparan la tierra, el padre cuenta a su hijo una historia:
“Ven aquí, ayúdame, hijo. Érase una vez, hace mucho tiempo, un viejo monje que vivía en un monasterio ortodoxo. Se llamaba Pamve. Plantó un árbol estéril en la falda de un monte, como este. Y dijo a Ivan Kolov, su discípulo, que lo regase diariamente hasta que reviviera.
Pon unas piedras allí, ¿quieres?
Y así, cada mañana, Ivan llenaba un cubo de agua y salía; subía al monte y regaba el árbol marchito. Luego, cuando caía la noche, regresaba al monasterio. Así lo hizo durante tres años. Y un buen día, al subir al monte, vió que el árbol estaba cubierto de flores.
Digan lo que digan, seguir un método tiene sus virtudes. Sabes, algunas veces me digo a mí mismo que si cada día, exactamente a la misma hora, realizara siempre el mismo acto, como un ritual, inmutable, sistemático, cada día a la misma hora, el mundo cambiaría. Sí, algo cambiaría, ¡a la fuerza!”.

3.
Y me acuerdo también de Italo Calvino y de su novela El barón rampante (1957).
“Cosimo estaba en el acebo. Las ramas se agitaban, altos puentes sobre la tierra. Soplaba un leve viento; hacía sol. El sol estaba entre las hojas, y nosotros, para ver a Cosimo, teníamos que hacer pantalla con la mano. Cosimo miraba el mundo desde el árbol; todo, visto desde allí arriba, era distinto, y eso era ya una diversión”.

4.
Más cine y más árboles: el membrillero de Antonio López en El sol del membrillo, Víctor Erice, 1992.

5.
Tengo en casa un libro de fotografías realizadas por Tarkovski y hay una que siempre me ha llamado la atención. La imagen es simple: una habitación, una mesa y una ventana al fondo. El sol entra con fuerza e ilumina un jarrón con flores blancas y amarillas que hay sobre la mesa; a su lado, un plato con un limón y dos frutas que no reconozco; también un vaso, una tabla, un cuchillo, otro plato con una fruta cortada por la mitad, un frasco de medicinas y las sombras del jarrón de flores blancas y amarillas.
Siempre he querido saber qué flores eran las de esta imagen.

6.
Árbol.

Tocar el tambor

Tocar el tambor

1.
Ayer por la noche pensé en un viaje que tengo que hacer en algún momento. Quiero visitar los restaurantes de Teruel y dormir una noche en una posada de Calanda (Aragón). Comer cochinillo asado, cabrito al horno y melocotones (duraznos en Uruguay) con flan y nata de postre. Nunca he estado en Calanda, pero ayer noche me acordé de Buñuel y de sus tambores salvajes.

2.
Cinemateca Uruguaya programó el viernes 24 de junio a las 23 horas una sesión especial de Un perro andaluz, la película que Dalí y Buñuel inventaron en 1929. Lo especial de la sesión fue que el grupo musical El club de Tobi acompañó las imágenes con sus violines, violas y cellos.
Lo que más me gustó fue comprobar la similitud de movimientos entre una nube atravesando la luna, una navaja de barbero cortando un ojo y una arco de crines rasgando un instrumento de cuerda.
El público gritó en esa secuencia inmortal y una chica que estaba a mi lado se tapó los ojos con las manos.

3.
Matar una cabra de un disparo de revólver.
Sólo a un personaje de la talla de Buñuel se le podía ocurrir romper las fronteras entre realidad y ficción en el cine de esa forma tan salvaje. Fue en Las Hurdes, tierra sin pan (1932). Y es que el señor Don Luis sabía que en esto del cine lo que realmente importaba era justamente eso, el cine.
“Generalmente en un documental se toman vistas que corresponden al guión trazado de antemano y todas aquellas que nos ofrece la casualidad y que pueden ser interesantes para el filme. Nada de eso hice yo. Dividí el guión de trabajo en varias secciones, por ejemplo: alimentación de los hurdanos, escuela, construcción de los campos de labor, entierro, etc. Todas las vistas que veis en el filme hubieron de ser pagadas”.

4.
La foto forma parte de mi colección de imágenes disparadas dentro de un cine.
¡Pang, pang!

Repasos

Repasos

1.
16 de febrero del año 2005. Apuntes de la rueda de prensa que el director Tsai Ming Liang dio en el festival de Berlín para presentar su última película, The wayward cloud (Tia bian yi duo yun, 2005).

2.
Un periodista pregunta sobre la primera secuencia. Dice que es muy larga.
TML responde que él pensó en hacerla mucho más larga.

3.
TML: “¿Triste? No es una película triste”.
No es una película triste. No es una película porno. Es una película feliz. Dolorosamente feliz por momentos y felizmente feliz en su final.

4.
“No hago películas para contar historias. Esto es evidente para quien conozca mis otras películas. Me interesan otras cosas: los fragmentos de vida, los cuerpos… Que se vean los cuerpos. Muchas veces me pregunto sobre esa capacidad que tiene el cuerpo para ser a lo largo de los años lo más bello y lo más odioso. ¿Cómo afecta el paso del tiempo a los cuerpos? Quizá esa sea la clave principal de mis películas”.

5.
TML se acordó de Antonioni cuando le preguntaron porqué trabajaba siempre con los mismo actores.
“Lo único que sé hacer en esta vida es observar a la gente que me rodea; observar a los actores que trabajan en mis películas”.

6.
Hace unos años hubo una gran sequía en Taiwán. Y en aquella época, la gente comenzó a beber jugo de sandía en vez de agua.
“La falta de agua puede provocar un sentimiento de vacío, de soledad… La falta de agua es también la falta, quizá, de amor”.

7.
Sigo repasando cuadernos antiguos para establecer un itinerario que pueda ayudarme a entender qué es lo que va a suceder ahora.

Aquí vivía yo

Aquí vivía yo

Unas notas sobre la película de ayer: In the mood for love, Wong Kar Wai, 2000.

1.
Reinaba la intranquilidad.
Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que él se acercase. Pero a él le faltaba el valor. Ella dio media vuelta y se alejó.
Hong Kong, 1962.

2.
Esos tiempos pasaron.
Todo lo que había entonces, desapareció.

3.
Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo; el pasado es algo que puede ver, pero no tocar.
Y todo cuanto ve está borroso y confuso.

4.
Me gustaría saber cómo empezó todo.

5.
He estado repasando el calendario.
El día 3 de marzo asistí a un concierto de Anari en Bilbao. Escribí en mi cuaderno de notas un título para aquella noche: “El último vals”. Nevaba cuando salimos del teatro. El día 4 de marzo tomé un avión con destino a Montevideo.

6.
Quizá algún día me toque trabajar en el Sing Man Yit Pao (Daily news) de Hong Kong.
Si eso sucede, escribiré mis crónicas desde la habitación 2046 de un hotel con vistas a la estación de tren de la ciudad.

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Principio del fin

Leo un texto en el que se define el principio de incertidumbre que desarrolló en físico alemán Werner K. Heisenberg en 1927. No entiendo nada, pero a pesar de todo trato de establecer un paralelismo entre esa teoría, todas las películas vistas en los últimos meses y mi despedida uruguaya.
“Es imposible medir simultáneamente de forma precisa la posición y el momento lineal de una partícula”.
Estoy seguro de que es imposible.
También es muy difícil medir de forma precisa la posición y el momento en el que comencé a tomar notas para este cuaderno de cine. Cuando llegué era verano. Ahora es invierno. La temperatura actual en Montevideo es de 12 grados.
Hoy es la última clase. A las 19:30 pondremos In the mood for love (Wong Kar Wai, 2000).
La semana que viene sacaré las maletas de debajo de la cama.

Firme usted aquí

Firme usted aquí

1.
Un trueno anuncia la tormenta sobre Nápoles y Doña Filomena y Don Doménico corren a refugiarse en una casa que parece abandonada. Pero antes, en el interior del coche, uno de esos diálogos que de tan italianos parecen hasta finlandeses:
-Oye, ¿tú no llevas ligas?
-Llevo liguero. Está más de moda. ¿Por qué? ¿No le gusta?
-¡Qué bárbaro. No para de llover!

2.
Matrimonio all’italiana. Vittorio de Sicca, 1963.
Questo film é dedicato a Titina de Filippo.
Tratto dalla comedia Filomena Marturano di Eduardo de Filippo.

3.
Si alguna vez viajo a Nápoles, pasearé por la ciudad hasta llegar a la Via San Parieto 29, interior 6.
Sacaré una fotografía del lugar y recordaré los abrazos y peleas de Sophia Loren y Marcello Mastroianni.

4.
¿Cómo olvidar una noche de amor cuando del cielo están cayendo bombas sobre la ciudad?
Imagino a Filomena Marturano recordando para siempre esa noche bajo el fuego.

5.
Me hace gracia ver una gallina dentro de una habitación en la que duermen dos niños. También sonrío y apunto en mi cuaderno ese efecto que utilizan algunas películas para remarcar un flash-back: y es que mientras la imagen se va desenfocando, siempre suena de fondo un arpa misteriosa.
Anoto que algún día tengo que rodar un cortometraje en el que la protagonista sea una señora que toca el arpa en la Filarmónica de Bilbao. La señora podría tener amnesia.

6.
-¿Está llorando, Filomena?
-Sí, estoy llorando, Dumbi. ¡Y no sabes lo hermoso que es!

7.
Un cuaderno dentro de un cuaderno.

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